InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Libros y otros textos

14.10.26

Reseña:  Apócrifo de Jesús y María

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 153

Precio aprox. Tapa blanda color:  9, 26 €

ISBN Amazon: 979-8162246244

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.Y más libros, aquí

Podemos imaginar, pues es lícito y no creemos suponga nada contra nuestra fe católica, que entre el Hijo de Dios y María, su Madre, tuvo que haber conversaciones más o menos extensas. Y es que lo que recogen las Sagradas Escrituras son, por decirlo así, los momentos que tuvieron a mano, aquellos que las escribieron pero resulta poco creíble que no hablaran en otras ocasiones siendo Ella quien era y Él quien era.

Es cierto y verdad que aquello que denominamos apócrifo es, primero, porque lo es y, luego, porque comprendemos el significado de tal palabra. También conocemos la existencia de los denominados “Evangelios Apócrifos” que no fueron reconocidos por el canon oficial de la Biblia porque, a lo mejor, su autoría era dudosa o por no haber sido inspirados. Y ahí radica el sentido de todo esto.

Con esto queremos decir que si bien eso es cierto y verdad también lo es la incontrovertible realidad según la cual entre Madre e Hijo, a lo largo (sobre todo) de los años en los que estuvo como se dice en el Evangelio “sometido” a sus padres después del episodio de su estancia en el Templo de Jerusalén, hubo mucho más de lo que se nos dice pues, lógicamente, toda la vivencia diaria no puede estar recogida en ningún Evangelio. Y eso es lo mismo que decir que entre José y María también debió haber muchos momentos de conversación fuera de lo que recoge la Biblia que es, sencillamente, nada de nada… Y eso ha quedado reflejado en el libro del que esto escribe de título “Apócrifo de José y María“ pues momentos íntimos de conversación tuvo que haberlos y los hubo pues otra cosa es impensable e imposible. 

De todas formas, nosotros gozamos haciendo como dice San Josemaría cuando en Amigos de Dios (punto 253) dice:

“Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más. Primero te imaginas la escena o el misterio, que te servirá para recogerte y meditar”.

Valga este aporte de un santo tan arraigado en el Evangelio para extender nuestra imaginación y tratar de ver lo que pudo haber entre Madre e Hijo pues, es seguro, que fue mucho incluso en momentos en los que, físicamente, aún no había venido al mundo el Salvador.

Les dejó aquí el Índice:

Presentación 

Episodios apócrifos:

Encarnación 

La visitación a su prima Isabel

El nacimiento 

Presentación en el templo 

La adoración de los Reyes Magos

La huida a Egipto

Madre, cuéntame lo del Ángel

¿Recuerdas lo de Belén?

Encontrado en el Templo

Sobre el Padre

Jesús trabaja en el taller de José

Cuando muere José

Voy al Jordán, Madre

Siempre serás mío

Las bodas de Caná

¿Qué será de ti, hijo? ¿Por qué no te quieren algunos?

Aquí estoy

Terrible amor

Este es tu hijo, Madre

Todo se cumplió, Madre

Sólo María

La primera en ver (Resurrección)

Un necesario epílogo 

Acerca del autor 

Y les ponemos el episodio titulado “Aquí estoy” que es, digamos, la excepción de la regla que establece que todo el libro, a excepción de algunos de ellos, está escrito en formato poético.

Aquí estoy

Camino del Calvario

tiempo ya pasado

con Juan el amado

María encuentra al Hijo

con la cruz cargado.

María corrió cuanto pudo acompañada del discípulo Juan, a quien el Maestro amaba, el más joven de sus Apóstoles.

No sabía adónde le llevaban los gritos, ni hacia dónde avanzaba aquella multitud enloquecida. Solo sabía que su Hijo estaba allí y no podía hacer otra cosa que ir a su encuentro porque lo quería con toda su alma y toda su alma se la había entregado desde el mismo momento aquel en el que el Ángel le dijo que era la llena de gracia… ella, una jovencita de un pueblo no demasiado grande del pueblo elegido por Dios… ella que tanto amaba al Padre Eterno desde que eso supo hacer.

Y quiso estar ella también allí, en aquel camino de tortura, sufrimiento y entendido gozo.

Hasta que le vio. Corrieron por varios callejones hasta que lo encontró cuando cayó al suelo por el peso de la cruz y el daño que le habían hecho en la flagelación.

Por un instante, todo pareció detenerse, el tiempo dejó de ser tiempo y el instante pareció ser eterno.

Jesús llevaba sobre sus hombros los maderos, y en aquel rostro desfigurado María reconoció al niño que tantas veces había tomado en sus brazos y que, incluso, más de una vez, había caído por sus travesuras de pequeño y había tenido que levantar, corriendo rauda hacia Él y llenándolo de besos, de besos de la Madre de Dios…

—Hijo mío. Y acarició su rostro llenándose de su sangre, la sangre divina del Hijo de Dios. Y la besó con dulzura de Madre.

Jesús levantó los ojos y la sangre corrió por su santo rostro…

—Madre.

No hubo más palabras durante unos instantes porque sus miradas dijeron todo lo que entonces se podía decir.

María se acercó cuanto pudo porque los soldados no daban ninguna facilidad ni siquiera para la Madre a la que todos los presentes reconocían.

—Aquí estoy porque no podía dejarte solo.

Jesús la miró largamente.

—Ya lo sé, Madre.

—No podía dejarte solo en estos terribles momentos.

—Ni yo quería que estuvieras lejos porque siempre he gozado con tu compañía porque eres mi Madre, Madre muy amada, la que siempre ha cumplido Su Voluntad.

María quiso acercar su mano al rostro de su Hijo por segunda vez, pero la violencia de los soldados se lo impidió porque ellos estaban allí para cumplir una misión y la iban a cumplir costase lo que costase. Y ella lloró, amargamente lloró…

—¿Por qué, Hijo mío?

Jesús respiró con dificultad pues ya había sido demasiado el esfuerzo que le estaban obligando a hacer.

—Porque ha llegado mi hora como tantas veces te he hablado de ella. Y no voy a ser yo quien se oponga ahora que todo se va a cumplir.

—Pero eres mi Hijo y la espada de la que habló Simeón está empezando a atravesarme el corazón.

—Y por eso estoy aquí, porque todo está escrito, Madre.

María le miró sin comprender del todo.

Jesús prosiguió y le repitió:

—Aquí estoy, Madre, porque debo cumplir cuanto está escrito en los profetas antiguos. Ellos sabían…

Ella bajó los ojos hacia la cruz.

—¿También esto?

—También esto. Sobre todo esto porque la cruz va a ser mi instrumento para la glorificación Dios.

—¿Y el dolor?

—También el dolor. Sobre todo este sufrimiento que llevo arrastrando ya tantas horas ha de servirme para que el Padre perdone los pecados del mundo. Mi sangre será la sangre de la salvación.

—¿Y la muerte?

Jesús sostuvo la mirada de su Madre.

—También la muerte. Entonces entregaré mi espíritu al Padre y todo se habrá cumplido.

Hubo un silencio y casi parecía que sólo ellos dos estaban allí, en aquel callejón casi sin salida para la vida del Hijo.

Y entonces María comprendió que no había venido a apartar a su Hijo de aquel camino porque ella no se iba a oponer a la voluntad de Dios a quien tanto había amado y amaba. Y ahora más que nunca iba a ser su esclava.

Había venido a acompañarlo, a no dejarlo sólo en aquellos terribles momentos.

—Entonces, Hijo mío, aquí estoy, para estar contigo cuanto pueda antes de…

Jesús sonrió apenas.

—Lo sé, Madre. Te esperaba y, a pesar de todo y de estos que me llevan al Gólgota, mucho me alegro de que estés aquí aunque sea unos momentos.

Y durante aquel breve instante, en medio del clamor de la multitud, estuvieron juntos.

Ella, porque no podía hacer otra cosa.

Él, porque no podía hacer otra cosa.

Jesús volvió a tomar fuerzas bajo el peso de la cruz que debía llevar como lo estaba haciendo: gozosamente y con esperanza para toda la humanidad.

—Ves, Madre… hago nuevas todas las cosas como deben ser hechas, por Su Voluntad.

Ella, porque no podía hacer otra cosa,

Él, porque otra cosa no podía hacer.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

“Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

……………………………

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

15.09.26

Reseña:  Inspirados apuntes y esperados pensamientos

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 90

Precio aprox. Tapa blanda: 4,32 €

ISBN Amazon: 979-8174285668

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Si hay algo de lo que podemos estar seguros es de que todo el mundo pasa por circunstancias muchas y muchos acontecimientos le suceden a lo largo de los años de vida que Dios ha tenido a bien concederle.

En realidad, no es más que la constatación de que estamos en el mundo el que nos pasen cosas algunas de las cuales pueden dar lugar a algún tipo de reflexión que nos haca captar mejor las circunstancias y si estas hacen mella en nuestro corazón.

Captar ciertos momentos no es tarea fácil pero no es poco cierto que la inspiración aparece cuando menos lo esperamos y es en ella en la que nos centramos para dar rienda suelta a lo que en tal o cual momento nos afecta de tal forma que hace hacer en nosotros un apunte, algo así como una muesca en el caminar de nuestra vida. Y es que la musa de la que se habla es voluble y caprichosa.

Apuntes inesperados son todos aquellos que, sin esperarlo, acuden a nosotros para que los atrapemos al vuelo y disfrutemos de un momento en el que, sin saber por qué, nos ha nacido algo así como un quehacer que no sabíamos siquiera que iba a nacer.

En realidad, son cosas que pueden pasar un día cualquiera y sin tener que haber sido preparadas. Momentos son que pueden originar una reflexión o algo así como un pensamiento que se alarga más o menos según sean las circunstancias y el pasar y ser de las mismas. Por eso, no se trata esto más que de unos inesperados apuntes.

Tenemos que decir, por otra parte, que hemos añadido al contenido de estos inesperados apuntes unos pensamientos que son más que esperados porque se refieren a temas muy propios de nuestro ser como cristianos y, aquí, como católicos. 

Les dejó aquí el Índice:

Presentación 

Apuntes inesperados

Incorporarse al mundo,

levantarse… en fin

A punto de pelea 

Lo natural 

Saber soportar a los insoportables 

Tener perspectivas o conformarse 

El libro… los libros 

A veces somos como una 

receta alterada

Al que madruga… 

Las cosas sencillas; la sencillez 

de las cosas

Esperar, siempre esperar 

Las prisas, la prisa 

Cuando las palabras las carga el Diablo 

¿Importa tener fe?

La misteriosa levedad del 

ser humano

Darse cuenta de quiénes somos 

El paisaje en la distancia 

de nuestra vida

Esperados pensamientos:

Cuando molesta la Luz de Dios 

Desde que el hombre es hombre 

Relativismo 

Sobre la fe y la razón 

Un necesario Epílogo 

Acerca del autor 

Y les ponemos el apunte de título

La misteriosa levedad del ser humano

Ciertamente hay noticias que por sí mismas son inesperadas, como esta que traemos aquí y que nos da como para comentar acerca de lo que, en el fondo, somos los seres humanos creador por Dios.

El caso es que muchas veces decimos eso de que “no somos nada”. Y suele ser tras el fallecimiento de alguna persona, conocida o no. Entonces caemos en la cuenta de lo poco que somos aunque creamos lo contrario y nos gloriemos de nuestra propia vida como dándonos una importancia que no tenemos y, a lo mejor, hasta ni merecemos.

Es bien cierto que poco somos si nos arrimamos a Dios Padre. En su poder total nosotros aparecemos como una simple mota de polvo ante la inmensidad de una estrella que, como el Sol, además es considerada una que lo es enana.

Hay, sin embargo, noticias, como decimos arriba, en cuanto a lo inesperadas que son, que nos muestran hasta qué punto eso es verdad. Y las hay que son muy tristes a la par que indicadoras de lo que somos. Esta dice lo que sigue:

“Muere arrollada por un tren en Dénia cuando oía música con unos auriculares”.

Tenía 29 años y caminaba hacia su lugar de trabajo. Un día más, como otros iba a ser. Tendría momentos duros y momentos de gozo en los que amaría la vida de una forma especial. Sentidos segundos de amor con los que fomentar, en su corazón, la seguridad de que valía la pena existir, que Dios le había hecho un gran favor creándola. Y es que era mujer.

A lo mejor, incluso, no tenía creencia alguna. Sin embargo, a pesar de no tener un sostén tan importante como es la fe, seguramente amaría la vida, la suya, la de los suyos, la de sus conocidos y, en general, la de todo ser humano que no tenga en su mente malas ideas para con su prójimo. Y es que debía ser una persona común… como somos la gran mayoría de las personas.

Sin embargo, seguro que no esperaba que las cosas se torcieran en un momento determinado. Cuando aquel tren la atropelló debía estar en el mejor de los mundos. Lo decimos porque no se enteró de nada: de los avisos del maquinista ni de, seguramente, los gestos que le haría más de uno que veía lo que estaba a punto de suceder.

Ella caminaba y no apreció la levedad de su vida, de su existencia, de lo poco que somos y de la nada que podemos llegar a ser en un segundo cualquiera. Y es que nuestro ser, aquel que tanto amamos (aunque no siempre protegemos de tentaciones) es liviano como una pluma y ligero para dejar de ser. Y eso es lo que Dios quiere. Para eso nos ha creado así. Y debemos ser conscientes de lo que eso supone, de que en cualquier momento podemos ser llamados (sin avisar siquiera) a presentarnos ante su Tribunal.

De todas formas, pido por la persona que aquí nos ha servido de ejemplo. Y pido a Dios que la tenga en su seno y que le perdone lo que tenga que perdonarle porque, a lo mejor, no ha acudido suficientemente preparada a su presencia, a su Juicio particular. Y estoy seguro de que Dios, en su Justicia y Misericordia, sabrá hacerlo porque, si nos hizo tan leves, más fuerte es su Amor por nosotros.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

“Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

12.09.26

Reseña: Elevar la mirada del alma. La jaculatoria como elevación del corazón

 

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 107

Precio aprox. Tapa blanda: 4,37 €

ISBN Amazon: 979-8170399239

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Los creyentes católicos tenemos la posibilidad de dirigirnos a Dios o, en general, a aquellas personas santas que tenemos por tales, de muy diversas maneras. Unas requieren oraciones cortas, otras más extensas o, en fin, si rizamos el rizo al orar de forma personal podemos elaborar las nuestras según nuestras personales circunstancias.

Pues bien, hay una forma de rezar que es bien breve. Y hablamos de la “jaculatoria” que, así dicha, es una palabra harto extraña.

En realidad, esta palabra procede del latín iaculum que viene a significar algo así como “dardo” o “saeta”, incluso “flecha”. Y es que bien podemos entender la jaculatoria, haciendo uso de la última acepción, como una flecha breve que el alma lanza hacia Dios o hacia quien sea su destino espiritual. 

El caso es que la brevedad de la jaculatoria la hace más que apta y útil para ser dicha en cualquier ocasión en la que nos encontremos y facilita, con su propia extensión, una práctica devota que es más que apropiada para lanzar al aire de la fe lo que nuestro corazón siente y lo que nuestra alma entiende por bueno y mejor.

La jaculatoria, eso sí, puede haber sido elaborada ya por la práctica filial de los hijos de Dios (Pensemos, por ejemplo, en “Jesucristo, en Ti confío”) o puede salir del corazón del creyente de forma espontánea. Y creemos que no es una sea más importante que la otra aunque es verdad que si la jaculatoria está ya dicha de antes… pues es miel sobre hojuelas en el caso de que nuestro espíritu ande un poco “seco” espiritualmente hablando.

Es verdad que en la Biblia no se utiliza la palabra “jaculatoria”. Sin embargo, es más que cierto que hay muchos momentos en que lo que se dice podemos considerarlo como una. Así, por ejemplo:

“Señor, sálvame” (Mt 14, 30), que es lo que dice Pedro cuando se encuentra en el apuro de hundirse en el agua cuando va hacia Cristo,

“Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10, 47), que es lo que dice el ciego que se da cuenta de que puede ser curado. 

“Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” (Lc 23,42), que es lo el denominado “buen ladrón” pide a Cristo a punto de entregar su espíritu, y, por fin, 

“Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28), que es lo que dice el incrédulo Tomás cuando se da cuenta de que, en efecto, su Maestro ha resucitado. 

En fin, podemos decir que desde siempre la Iglesia ha hecho uso de la jaculatoria pues es sencilla de aprender y no requiere de demasiado esfuerzo de memoria. Además, por eso mismo, puede ser dicha por cualquier persona: niños, adultos, ancianos…

Además, este tipo de oración bien puede responder a lo que San Pablo dice en 1 Tes 5, 17 y que no es otra cosa que “Orad sin cesar” porque la jaculatoria es apta para cumplir con tal realidad y necesidad espiritual.

La jaculatoria permite orar en cualquier momento de la vida porque la podemos lanzar al Cielo cuando trabajamos (“Todo por ti, Señor”), cuando nos encontramos ante una dificultad (“Jesús, en Ti confío) o cuando empezamos alguna actividad (“Ven, Espíritu Santo"). Incluso cuando nos encontramos ante una tentación (“Jesús, ayúdame”) o también cuando estamos ante una situación en la que alguien esté sufriendo (“Señor, ten misericordia de nosotros”) En fin… que el mundo de la jaculatoria es verdaderamente inacabable y tiene mucho campo donde sembrar pues no es otra cosa que salga de nuestro corazón para que dé fruto si abundante, mejor. 

Por otra parte, es verdad que se ha tenido y se tiene a la oración como una forma de elevar el alma hacia Dios. Y la jaculatoria, por serlo y por sus especiales características (brevedad, devoción personal, etc.) nos permite que nuestra alma vuele alto, alto, alto hacia Aquel que la infundió en nuestro espíritu o si no se trata del Todopoderoso a quien la dirigimos que sea bien recibida por su destino final.

Sólo nos queda por decir que la estructura de este pequeño libro es bien sencilla: cada mes del año está dedicado a un tema particular. Así, por ejemplo, enero está dedicado a Dios y todas las jaculatorias tienen tal sentido; mayo está dedicado a la Virgen María o, en fin, diciembre (por ser cuando celebramos su nacimiento) está dedicado a Jesucristo, Rey del Universo y Dios mismo hecho hombre. Y además por eso de que los últimos serán los primeros.

Esperamos que sean de su agrado espiritual y que hagan volar el alma al mismísimo Cielo.

Les dejó aquí el Índice:

Introducción 

Meses

Enero 

Febrero

Marzo

Abril

Mayo

Junio

Julio

Agosto

Septiembre

Octubre

Noviembre

Diciembre

Un necesario Epílogo

Acerca del autor 

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

“
Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

……………………………

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

5.09.26

Reseña:  Las armas espirituales de la Luz

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 209

Precio aprox. Tapa blanda: 6.86 €

ISBN Amazon: 979-8194214914

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

“Porque ya es hora de levantarnos del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz.”

Romanos, 13, 11b-12

El texto que hemos traído y que hemos puesto antes de dar comienzo a la Introducción es, verdaderamente, inspirador. No podemos negar que el Apóstol de los gentiles tenía mucha razón cuando dejó escrito esto.

Es bien cierto que, cuando se produce una conversión, es posible que el corazón de alegre por la misma. Sin embargo, tal circunstancia es, por decirlo así, el primer paso de un largo camino que ha de llevarnos a la patria eterna, allí donde Dios mora y donde no hay dolor ni sufrimiento.

Empezar, pues, a caminar es reconocer que somos hijos de Dios y que eso ha de tener consecuencia en nuestra vida ordinaria, actual y futura.  Y ciertamente, nosotros queremos, para nuestra vida concreta y, así debería ser, para la de nuestro prójimo, lo mejor. Y eso, lo mejor, sólo puede ser acercarse a Dios de tal forma que lo podamos ver cara a cara. Y eso, siendo cierto que es lo que nos ha de mover hacia el Cielo es allí, en el Cielo, donde podremos llevarlo a cabo. Ahora, pues, como nos dice San Pablo en estos versículos de su Epístola a los creyentes de Roma, vivimos en la noche, en la oscuridad.

Que eso es así lo podemos certificar sabiendo que somos pecadores (eso sí, cada cual según lo sea…) y, por eso mismo, caminamos en la tiniebla que, tantas veces, nos cubre.

La noche, pues está avanzada. Eso nos lo dice el Apóstol que pasó de perseguir a los discípulos de Cristo a ser uno de ellos/nosotros y a ser, él mismo, perseguido. Y eso ha de querer decir que, al menos, el que esté avanzada supone que vamos caminando, que no nos hemos quedado ensimismados con el mundo y el mundo. Así, caminamos, sí, pero en la oscuridad.

De todas formas, como suele pasar en materia de fe católica, eso tiene solución o, al menos, podemos saber a ciencia y corazón ciertos a qué atenernos.

San Pablo no nos deja solos ahora, ni nunca. Por eso habla de las armas de la luz que no son, sino, trasunto de lo que podemos hacer uso para evitar la tiniebla, la noche en la que nos encontramos.

Es posible que alguien que lea esto pueda decir que hay muchas armas de la luz. Y las hay porque Dios, la Luz misma y misteriosa a la vez, nos provee de instrumentos espirituales de los cuales podemos servirnos.

Nosotros, que nos consideramos unos empedernidos pecadores, sabemos que necesitamos de tales “armas de la luz”. Y lo sabemos porque, viniendo de dónde vienen, son la única manera de que, con ellas, nuestro camino hacia el definitivo Reino de Dios (llamado, por eso mismo, Cielo) sea posible caminarlo y nos quedemos en el intento de llegar a gozar de la Visión Beatífica o de la Bienaventuranza.

Dios, que nos ama más que mucho, nos entrega tales armas para que hagamos uso de ellas. No nos neguemos, al menos, la posibilidad de tomarlas y hacerlas nuestras. Y es que nos va la vida eterna en ello. No olvidemos nunca esto porque nos es esencial para lo que es nuestra salvación personal y, por ende, colectiva como pueblo de Dios.  

Nos dice San Pablo que sí, que es posible que andemos en la noche pero que, gracias a Dios, “el día se avecina”. Y ha de querer decirnos con esto que nunca podemos desesperar porque Aquel que nos ha creado y mantiene nos quiere a su lado y por eso nos entrega estas armas, llamadas de la luz porque son iluminación para nuestra oscuridad y salida a nuestra ceguera espiritual.

Debemos, por tanto, dejar atrás aquello que nos sobra e impide ver a Dios. Y es que hay, sí, mucho que eso produce en nuestro corazón y son, digamos, las armas de las tinieblas de las que se sirve el Maligno para hacernos caer en sus redes. A saber: el desamor, el desapego de Dios, el odio, el egoísmo y todo aquello que nos hace peores y muy malos ante los ojos de nuestro Creador y su Juicio Bueno, sí, pero, sobre todo, Justo.

Miremos hacia Dios y, con sus armas, demos un paso hacia su corazón. Seguros estamos que nos espera con ansia de Padre.

Les dejó aquí el Índice:

Introducción                                                               

Armas de la Luz:

  1. La Palabra de Dios

  1. El amor

  1. El perdón

  1. La misericordia

  1. Los dones y gracias de Dios

  1. Las virtudes

  1. La oración

Un necesario Epílogo                              

Acerca del autor   

Reproducimos el Apéndice del apartado dedicado a la oración:           

Como Apéndice traemos aquí el apartado de título “Sumergirse en la oración” del libro “Hábitos católicos” publicado por el que esto escribe:

“¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.”

Esto lo dice el número 2562 del Catecismo de la Iglesia Católica dándonos a entender que no es posible orar si estamos alejados de Dios porque si orar es rogar o pedir o suplicar a Dios por nuestras necesidades y por las del prójimo no exageramos si decimos que para un hijo que así se considera del Padre pocas realidades espirituales puede haber más importantes.

Muchas veces nos encontramos, sin embargo, con una realidad que entorpece nuestra oración porque es más que probable que frente al rezo (como repetición de oraciones así establecidas por la Iglesia católica) el hecho mismo de orar (dirigirse a Dios de forma personal) puede resultarnos dificultoso y árido. Ante esto, San Josemaría nos dice, en el número 90 de “Camino” “¿Qué no sabes orar? – Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: ‘Señor, ¡que no sé hacer oración!’, está seguro de que has empezado a hacerla”. Entonces, orar no ha de resultar cosa imposible para un católico sino, al contrario, acto de ponerse en relación directa con el Padre que está en su Reino y de llenar el vínculo que une a uno y a Otro con expresiones de sometimiento a la voluntad del Creador.

Dice Santiago, en su carta a las doce tribus de la Dispersión (4, 2-3), al respecto de lo dicho arriba que “No tenéis porque no pedís; o si pedís, no recibís, porque pedís mal”. Conviene, por lo tanto, saber cómo se pide porque es bien cierto que en cuanto a lo que se pide será Dios el que determine, en todo caso, si nos conviene o no nos conviene. Pidamos, pues, sabiendo la forma o el modo de hacerlo de forma correcta o, al menos, teniendo en cuenta cómo no hay que orar porque también dejó escrito San Pablo en su Epístola a los Romanos (8, 26) “Nosotros no sabemos pedir como conviene".

A tal respecto, el P. Iraburu, en su libro “Oraciones de la Iglesia en tiempos de aflicción” deja escrito que

“El soberbio está encerrado en su miserable autosuficiencia, y por eso se ve abrumado de males, porque no pide. No pide a no ser como último recurso, para no caer en la desesperación, cuando todo recurso humano es ya imposible o extremadamente difícil”. Al contrario, “El humilde pide, pide siempre y en todo lugar, pide ‘sin cesar’, ‘noche y día’ (Col 1,9; 1Tes 3,10). Pide lo que no tiene, porque está convencido de que el que pide al Señor, recibe; y pide incluso lo que ya tiene, para que Él lo guarde, purifique y acreciente, pues sabe bien que cuanto tiene es don de Dios, y que sin Él ‘no podemos nada’ (Jn 15,5)”.

Por lo tanto, hay que orar no manifestando soberbia sino humildad porque, como hemos dicho arriba, es más que probable que no sepamos ni lo que debemos recibir o lo que debe recibir, como gracia o don de parte de Dios, aquella persona por la que pedimos pues, como se dice en la Primera Epístola a Timoteo (2, 1-2) “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad” y es obligación del hermano pedir por sus hermanos e, incluso (seguramente más y mejor) por los que no lo son para que, viendo, se conviertan y crean al convertirse. Además no podemos olvidar (Mc 11, 1-5) que “cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas”.

Tenemos, pues, que orar. Y hacerlo de forma abundante y no exigiendo poco de nosotros mismos en tal especial momento en el que buscamos a Dios para que nos escuche y nos ampare siguiendo lo que dice Santa Teresita del Niño Jesús en su “Historia de un alma”:

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Y orar a Dios es hacerlo sabiéndonos acompañados por Cristo, Hijo del Padre. Por eso, el que fuera Prelado del Opus Dei, mons. Javier Echevarría, escribe en su libro “Getsemaní” esto que sigue:

“Orar con Cristo lleva necesariamente a asumir como propia la Voluntad del Padre, por la acción del Espíritu Santo. De este modo, se comprende mejor la posibilidad de que nuestra vida adquiera ese alcance eterno que encierran los planes divinos. Nos conviene, pues, empeñarnos en orar con Él: nos transmitirá el vigor de la perseverancia, y le dejaremos habitar en la inteligencia y en el corazón, confiriendo a nuestras potencias la hondura del diálogo del Hijo de Dios con su Padre. Orar con Cristo ayudará a superar limitaciones internas y externas, porque se nos concederá la fuerza con que Él perseveró, también en Getsemaní, para alcanzarnos la Vida de Dios en nosotros” pues (Dt 4,7) “¿Hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahvéh nuestro Dios siempre que le invocamos?”  o como diría el profeta Isaías: “Antes que me llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo los escucharé (Is 65, 24)”.

Por otra parte, Dios siempre escucha al hijo que se dirige a su Padre porque “Dios es el escudo de cuantos a él se acogen”, según se dice en el Salmo 17 (31) y “no niega la ventura a los que caminan en la perfección” (Sal 84, 12) porque en tal perfección nos quiere Cristo (“sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” dice Jesús en Mt 5, 48). Así se ora en la seguridad de ser acogidos por el corazón misericordioso de Dios siempre atento a las necesidades convenientes para sus hijos.

Y se ora, como es necesario, con humildad:

“El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación” según recoge Santiago en 1, 9.

Y se ora, también, con confianza: “Pero que la pida con fe, sin vacilar” según dejó escrito Santiago en 1, 6.

Y se ora, por último, con perseverancia: “Por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios”, según dice San Lucas en 6, 12.

Vemos, pues, que existen algunas que podríamos llamar condiciones para orar de forma grata a Dios y que las mismas han de concurrir en un sumergirse en la oración en la confianza absoluta en lo dicho por Jesucristo al respecto del hecho mismo de orar cuando aseguró que “todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre glorificado en el Hijo” y que recogió San Juan en 14, 13.

Y oración de petición, de súplica, para dar gracias a Dios… porque, para orar sólo hace falta orar.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

“Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

……………………………

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

29.08.26

Reseña: ¡Gol en Las Gaunas! Aconteceres y anécdotas futboleras

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 145

Precio aprox. Tapa blanda (en color): 8,89 €

ISBN Amazon: 979-8193495130

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí



Los recuerdos son un sano instrumento para, en la vida, poder seguir el camino que nos ha tocado o que, al fin y al cabo, hemos elegido.

Sabemos que de ilusiones vive el hombre y que, de ellas, nos valemos para tener una vivencia lo mejor posible para forjar una manera de ser y, en fin, nos ayudan en los momentos difíciles por los que, seguro, acabamos pasando.

El fútbol, para las personas que no somos profesionales de tal deporte, es una diversión, sí, pero también puede ser el eje de una existencia. Y es que lo que nos aporta en la vida es algo más que un simple entretenimiento aunque, es cierto, haya muchas personas que no demuestren el más mínimo interés por el deporte de la pelota al pie y siempre acaben diciendo que, total, son 22 jugadores detrás de una pelota…

El que esto escribe, con los años que tiene (ya más de seis décadas contemplan su vida en el mundo) ha visto mucho de fútbol y ha disfrutado mucho no sin olvidar los malos momentos por los que ha pasado.

Este libro es algo así como un dejar salir todo aquello que, a lo largo de más de cincuenta años, ha conformado un gozo por un deporte que, aún sin practicarlo fuera de lo ordinario, también es algo bueno que me ha pasado. Y quiero dejar constancia de eso antes de que todo pase al olvido…

De todas formas, quisiera dejar constancia de que aquí no van a aparecer, por lo general, datos como fechas o cosas por el estilo de forma exactamente meticulosa pues esto no es más (ni menos) que la manifestación de unos recuerdos, digamos, simples y llanos, de aquellos que han dejado huella en el alma.

Por cierto que el título, a saber ¡Gol en Las Gaunas!, se debe a otro recuerdo porque fue una expresión que, en su día, se convirtió en algo así como un recurso para hablar de algo que pasaba en el fútbol. Y es que fue un grito radiofónico legendario que se convirtió en una metáfora de sorpresas y épica futbolística y que evoca la época dorada del CD Logroñés en Primera División de quien, por cierto, salió un jugador que fue del CD Castellón, a saber, llamado Lotina…

En fin… recuerdos…

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

I. Burriana, Castellón

II. ¡Pam, Pam, Orellut! 

III. ¡Amunt Valéncia! 

Un necesario Epílogo 

Apéndices:

Historia del CD Burriana

Historia del CD Castellón

Historia del Valencia CF

Acerca del Autor 

Nota final

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

“Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.